jueves, 11 de agosto de 2011

Prólogo


Los niños jugaban en la calle, gritaban y se divertían, un vecindario tranquilo en medio de la bulliciosa Roma, era Jueves, y casi todos estaban trabajando en la ciudad, salvo unos pocos. Un coche apareció de pronto a gran velocidad por aquella calle llena de niños, estos se apartaron para evitar ser atropellados, era un Fiat punto nuevo impecable, con un solo ocupante, al llegar al final de la calle entró en el jardín de unas de las casas y aparcó frente a su garaje.

La casa estilo villa Italiana, había permanecido vacía durante días, los ocupantes, habían salido de viaje, sin embargo aquel hombre bajó del coche a toda prisa, llevando consigo una carpeta, sin cerrar el coche, hurgó en su bolsillo y sacó un amasijo de llaves, pero dio enseguida con la correcta y entró en la casa, cerró la puerta tras de si y corrió hasta el salón, allí había un portátil, lo abrió y mientras se encendía sacó de la carpeta unos papeles que les costaba leer, porque las manos le temblaban.

Llegué al vecindario y no tardé en ver el Fiat punto frente a una bonita casa, entonces me di cuenta, era la casa de su novia, sabía que le seguirían pero no pensaba que iríamos a por Sara también, tenía suerte, posiblemente estaban los dos dentro, aparqué por delante de la casa junto al arcén y me bajé del coche, llevaba puesto un uniforme de cartero, me coloqué la visera y me emocioné, me encantaba mi trabajo.

Me acerqué a la puerta mientas admiraba la casa, estilo Italiana, dos plantas, porche y arcos, ventanas amplias y tejados lleno de tejas rojas preciosas.

-         Es un buen lugar para él – pensé mientras sonreía

Al llegar a la puerta saqué mi pistola, era un beretta 92 de 9 mm, la coloqué por debajo de mi cintura entre la puerta y mi cuerpo para evitar que algún vecino curioso la viera y toqué la puerta, el timbre era una melodía que había escuchado en alguna parte, pero no recordaba de donde, nadie contestaba…

-         ¡¡Cartero!!

Seguía sin contestar nadie, entonces me di cuenta que había dos formas, romper la puerta o engañarlo para que viniera a abrir la puerta, había que agotar todas las posibilidades, así que pensé en utilizar a su novia.

-         ¡¡Carta certificada para Sara Gnesa!!

Pensé que no iba a servir de nada pero escuché ruidos en el interior y alguien acercándose a la puerta, la estaba abriendo, coloqué la carta falsa delante del arma y sonreí cuando miró desde el huequito de la puerta, al verme, se tranquilizó.

-         Solo necesito una firma y le dejo el paquete aquí, ¿es usted su hermano?
-         No, pero puedo firmar en su nombre.

Abrió la puerta por completo, miré a un lado y a otro, saqué la pistola y se la coloqué en la boca, el hombre asustado levantó las manos y articuló una palabra que no llegué a entender, lo empujé hacía dentro y cerré la puerta, le agarré la nuca y le apreté contra el arma para que no se moviera, lo arrojé sobre el sofá, el hombre estaba alterado, respiraba muy rápido y temblaba mucho, miré alrededor, parecía no haber nadie mas en la casa, el aire olía a quemado, el sofá estaba lleno de papeles y había un ordenador portátil en la mesa encendido, miré la pantalla mientras le apuntaba, vi que estaba metido en su correo electrónico.

-         Bueno, simplemente ni se te ocurra moverte – le ordené
-         ¿Quién coño eres tu? – me preguntó más asustado que nunca, puesto que le apuntaba a la cara.

Le esquivé la pregunta…

-         Esos papeles… ¿que son?
-         Cosas de mi trabajo, variantes, hay mucho dinero en la caja fuerte, cójelo, pero no me hagas daño.
-         ¿Variantes?, me pregunto que dirían en la agencia…

El temblor se detuvo de pronto y sus ojos parecían salirse de sus orbitas, estaba completamente sorprendido, algo se le había pasado por la cabeza y entonces entendió lo que estaba pasando

-         Hey… por favor… no… no lo hagas
-         Morati… tenias dinero, una buena chica, y la cagaste… ¿para que?, me molesta la gente moralista ¿sabes? Que gilipollas eres.

Tensé el brazo y le disparé entre las cejas, el sonido fue apagado por el silenciador, la cabeza de Morati se inclinó hacía atrás, un agujero rojo y negro se dibujó en su frente, el cráneo se abrió por la parte posterior manchando de sangre el sofá y la pared, lo contemplé durante unos segundos, sentí algo en mi interior, era maravilloso, esa sensación en mi interior era increíble me había acostumbrado a sentirla, desenrosqué el silenciador y guardé el arma, miré los papeles y me di cuenta de mi error.

-         Joder… ¡¡ese hijo de puta!!, esto son… ¡¡¡apuntes de matemáticas!!!

Grité mientras agarraba y escachaba los papeles con las manos, los arrugué en una bola y se los tiré en su cara ensangrentada, entonces recordé el olor a quemado al entrar en la casa y corrí a la cocina, había restos de papeles en el fregadero sin duda los verdaderos documentos, regresé al salón y como ultima opción miré el ordenador portátil, había borrado el mensaje que envió, pero en el correo solo tenía a nueve personas, apunté sus nombres y cerré el ordenador.

-         Carbón… te gusta jugar con fuego ¿no?, a mí también.

Salí de la casa mientras se quemaba todo en su interior, todas las pruebas, manipulándolo todo parecería un suicidio, monté en el coche y me fui, era la hora de hablar con el cliente.

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